El espacio se vuelve más complejo cuando la línea de
horizonte desaparece y el universo se repliega sobre sí mismo. Lo mismo ocurre
con el tiempo cuando se lo desvincula del reloj. Esto acontece en múltiples
escalas que el trabajo de reflexión busca captar, (re)vivir y compartir
(exponer).
Por eso el plan de trabajo presupone una importante
actividad de fotografiar, videar, grabar e incluso recolectar cosas. A esto se
suma el seleccionar, ordenar y bautizar (editar) las huellas de esa actividad
para luego hacer algo “mostrable” con ellas. Lo que se pretende mostrar es el
proceso de realización del paisaje según se lo vive: como algo que siempre
estará más allá de los medios y los dispositivos. Sólo se vivencian ciertas
“regiones” de un paisaje. Trabajaré reflexivamente sobre tres de ellas.
La escala panorámica está presente en tanto observación del
cielo, fuente primera y última de luz y primer organizador general de la
escena. El cielo está transitado por nubes, viento, pájaros, polvo y luz
residual. También por gotas de agua, escarcha o vapor. La luz del sol se
desplaza sobre ese conglomerado de gas y materia refractante; captar esta
voluminosidad requiere: a) lente angular y b) filtros específicos. En
ocasiones, el trípode.
Las tomas son en esta escenificación horizontales, y buscan
sus áreas siguiendo movimientos panorámicos del fotógrafo y del dispositivo,
ambos fijos. Pero la visión desde un punto fijo destruye el paisaje. Las tomas
en exposición lenta y los efectos de barrido son en este caso bienvenidos, y
deseables. El fuera de foco también es un recurso planificado.
En una escala intermedia adquieren protagonismo plantas,
piedras y animales. Los encuadres son medios; la lente, fija, busca captar la
profundidad y la definición de los elementos, individualizados como actores en
un escenario. Ellos son el paisaje.
Es importante fijar al sujeto en su punto de vista, porque es lo que impone el
teatro. Esta situación destruye el paisaje nuevamente: lo convierte en un escenario, que es la versión cosificada
de la escena, una entidad ficcional
en su mutismo inerte. Aun si se movieran todos elementos fotografiados a escala
media, la monumentalización del fondo inmóvil destruiría cualquier percepción
transformativa.
Las fotografías de escala pequeña, o topologías, (que por lo
general aplico a superficies de piedra, nieve, hielo, musgos o agua), requieren
nuevamente de un punto observacional muerto, fijo, ficcional; pero el
sacrificio de toda vitalidad en el sujeto puede ser recuperado en el
vertiginoso abismarse de lo pequeño, que reproduce los grandes panoramas, pero
expresados en un espacio barroco, resultado de una inagotable actividad
erosiva. La historia de estas erosiones es “mostrable” mediante lentes de
aproximación y aciertos en la manera de mantener iluminada la escena. Premisa
de la fotografía fenomenológica de paisaje: no usar flash -a menos que se lo
pueda mimetizar con un elemento (lumínico) propio del entorno. Una luz fija
artificial, como un farol o una vela, son un paisaje humano. Pero el flash es solo un paisaje del fotógrafo –el
fotógrafo en su función de dispositivo técnico- y pertenece a la narración sobre la ejecución
de la foto. Sea como sea, la micro topología debe encontrar su “cielo”, su
fuente de tiempo-luz.
Todos los lenguajes se presuponen mutuamente. Las muestras
de video y de audio, incluso las que registran entes individualmente vivos, son
apenas esquemas. Las muestras transitan a través de las fotos, y estas a su vez
atraviesan los otros discursos. Un registro pretendidamente neutro de video y
audio simultáneos, destruye el paisaje, porque lo somete a las reglas de un
solo dispositivo. Se obtiene, si, un paisaje
digital. Pero nada más que eso. Cuanto más “sincero” se presenta el
dispositivo, más mentiroso se vuelve su resultado. Y viceversa, cuanto más
lejana esta la referencia, más precisa se vuelve la vivencia. Por eso el habla
sigue protagonizando el contexto de los lenguajes, sin perder ninguna de sus
regiones sensibles (sensible,
entendido como aquello que “produce” o “tiene” sentido).
A su vez la materialidad, en su presencia desafiante, anula
el habla, contradice la referencialidad y se impone como un sentido mudo pero
elocuente. No deja de ser un testimonio singular de sí misma, cuya vida en realidad
continúa circulando en el conjunto de lo transformativo. La presencia de la
piedra, la apacheta, el apilamiento o la topología, reconduce (re-impulsa) la
circulación de sentido que atraviesa los demás canales, como lo hace el paisaje
con todos elementos a los que transforma.
Macro-angular
Micro –closeup
Plano abierto (panorama)
Plano cerrado (narrativa topológica)
Composición vertical (piedra-montaña)
Composición horizontal (horizontes intencionales):
hiperpotencia de las espacialidades posibles.
Exposición (narrativa del tiempo-luz)
Exposición larga (fenomenología reflexiva de la temporalidad inmanente) -
REFLEXION
Exposición corta: materialidad de lo profundo y velocidad
del microconflicto bacteriano) – ACCION
Recuperación de la materialidad viviente en la
fenomenología-luz: PAISAJE como repliegue de espacios múltiples.