Reflexion
sobre la geo-fractalidad del habitar en tanto invitación a una espacialización
política.
a
La intención es modificar la conciencia contemporánea sobre las formas de
convivencia entre lo humano y lo natural. Una de las dimensiones de esa
convivencia reside en el habitar. Habitamos un mundo que es el resultado de una
permanente negociación entre lo propio y lo común, entre lo creado y lo dado,
entre lo natural y lo artificial. Sin embargo, el modo de habitar del ser
humano se ha resuelto desde siempre como una imposición. Imposición de lo
cultural a lo natural, imposición del artificio a lo espontáneo, imposición de
una arquitectura humana a una arquitectura natural. Poco se aprendió hasta
ahora de las formas en las que la naturaleza estructura una topología de lo
habitable. Si bien hasta el momento el mundo fue habitado bajo la consigna de que la naturaleza se adapte a las
necesidades humanas, se vislumbra la necesidad de alterar esa pretensión,
revirtiéndose en un intento de adaptar al
ser humano a las estructuras que la naturaleza construyó hace milenios (aunque
sin dejar de modificarlas) para albergar en ella criaturas de diferente índole
y proyección.
Una poética de la topología sondea las formas
naturales del terreno para edificar sobre ellas, como una continuación
armónica, las formas del habitar de lo
humano.
La prodigiosa geometría emergente del modelo
topográfico puede extenderse sobre diseños, planos y programas; a la vez que permite
que lo humano se inscriba en ella no como una negación, sino como una afirmación
del diseño de lo terrestre.
El diseño-de-lo-terrestre explora ese lugar donde la racionalización de lo geográfico no
implica el avasallamiento, ni la reducción del entorno a un fenómeno cultural a
capricho de la humanidad. Por el contrario, explora la posibilidad de que la
razón misma se reconozca como una forma
del habitar un mundo tectónico, donde el suelo gravite como hogar y no como obstáculo. Suplantando
la poética existencial de la agresión por la poética vital de la participación
en la contundencia fundamental de la estructura terrestre.
b
La naturaleza nos entrega su estructura a
través de muchos fenómenos: sensibles, simbólicos, racionales, comunitarios, rituales.
Desde cualquiera de estas poéticas, la tierra es siempre la plataforma del
cielo. ¿Pero realmente existe algo asi
como una estructura? ¿Y si no hay ninguna estrutura? ¿Y si no es, nunca una
“sola” estructura? (sola en sus dos sentidos: como única y aislada).
En el modo tecnológico de revelarse, la
naturaleza nos entrega una poética de números y formulas, modelos abstractos y
analíticos que sin embargo simbolizan
su habitabilidad como mundo. Pero ese
darse tecnológico no es autónomo ni se desvincula de la decisión tomada por un modo de habitar.
Mi investigación artística, al menos en este
proyecto, se inspira en la planimetría digital, en dos y tres dimensiones.
Habla del acontecer estructural topográfico, vivido como arquitectura natural:
poética de lo visual, de lo lumínico, de lo virtual en tanto metáfora de una
racionalidad de la luz, que permite que la tierra muestre su diseño interno sin
necesidad de agredirla, una mirada de luz del logos, nacida del respeto, de la
complicidad y del cuidado fundamental de la terrenalidad.
c
El mundo geológico impone una estructura
fractal. La fractalidad no está
definida, en este caso, solamente como el resultado de una forma matemática; no
es la regla de construcción de una figura que se contiene a si misma infinitas
veces. Es, además, una in-tensión del objeto natural, una
cristalización de fuerzas que accionan
en direcciones diversas. La multiplicidad de perspectivas que ofrece la piedra,
el cristal de roca (en tanto que construcción morfológica de intensiones
divergentes), el plano, la extensión
tensionante, son todas figuras del suelo. Figuras de una propuesta
geológica de habitabilidad. El plegamiento, como figura inicial de una serie de
metáforas existenciales, también es un efecto del suelo. En las planicies se entiende que el terreno
tampoco es llano. No lo es ni siquiera en el agua, a menos que su quietud sea
absoluta. Pero la fractalidad interna de lo multi-versal, es también una
fractalidad externa, un horizonte y
una conciencia fractalizada que emerge
en él.

In-tensionalidad
multiple de la terrenalidad fundante. Dibujo vectorial (2014)
Una conciencia fractal puede concebir muchas
heterotopias pero siempre y cuando no se piense lo fractal como una sucesión de
identidades reiterativas, sino como una
diversificación permanente en curso de acción. En una investigación
científica, un libro lleva a otros diez libros y estos diez a otros cien y
estos cien a otros mil. La bibliografía universal es un fenómeno fractal. Un
evento borgeano de infinitas reiteraciones de información. En un pequeño libro,
están contenidos todos los libros. Pero qué pasa cuando estos libros infinitos
a su vez mutan de manera ininterrupida. Qué pasa cuando son leídos por medio de
otros libros, de modo que su fisonomía se altera por completo, modificando a su
vez a todos los demás.
Es la misma estructura de la tierra. El suelo,
la gravidez, la terrenalidad se contienen a si
mismos. pero están en permanente
cambio: inagotable camaleón de las formas, los sentidos y las interpretaciones.

In-tensionalidad
del pliegue. Dibujo vectorial (2014).
Cada piedra puede habitarse porque en su
pequeña escala ofrece la organización de un habitar. Las difíciles
disposiciones del espacio, los planos cortantes, las aristas espinosas, las
líneas de fuga que se hunden hacia un fondo abstracto o se pronuncian hacia un
frente no menos angular son otras tantas posibilidades de presentar un espacio. Presentar,
en tanto hacer presente algo que podría
no estarlo. O que podría esconderse en lugar de arrojarse en la extensionalidad
material de un espacio mutante.
Existen asimismo reglas para describir la
mutación de los espacios dentro y
fuera de las formas. Incluso dentro y
fuera a la vez. El suelo muta según reglas complejas, por eso es una
terrenalidad que damos por probada, no la cuestionamos: apenas la reducimos a
números.
Es una terrenalidad modélica, vista a los
rayos de un logo-luz que atraviesa las superficies opacas de la materia, un
logo-luz mediante el cual se revela la estructura fija de un momento
cristalizado en la naturaleza espacio-material de la tierra. Tierra en
escala-roca o tierra en escala-montaña/abismo.
La terrenidad fractalizada habla de una tierra en mil
perspectivas, una gravedad que requiere el esfuerzo de una conciencia acorde,
el decir que no dice nada porque
habla por detrás de lo numéricamente reproducido. No se pueden contar todos los
pliegues de la terrenalidad. En ese no contar, sino comprender, que satisface la mutación de las fracciones numéricas
pero como condición de todo calcular, es que se define el esfuerzo de un habitar.
d
Esfuerzo
de un aceptar la propuesta espacial del habitar
geológico y amoldarse a la roca como una compañía de su propia expresión. El habitar humano es solo una ex-presión metafórica del habitar-propuesta, del habitar-como posible modo de estar, en relación con lo
terrenal-geológico. Ex-presión alude a una presión que ya no está, algo que
quedó ahí, encerrado en su momento en el
tiempo, como el gesto de una momia que nos grita desde el pasado, (aunque desplazado
en un presente que no lo puede resolver). La presión permanece estancada; abre una comunicación en el tiempo,
ciertamente un hoyo de gusano en la temporalidad presente, predecible y lineal
en la que se desarrolla la mecánica del
habitar-automático del presente material.
El habitar es automático porque no rebota sobre las paredes de la
reflexión. Recibe las presiones estratificadas del pasado pero hace de esa
recepción una esfera breve y limitada llamada “presente de acción” que es un
habitar-automático. Se trata de un encierro voluntario; afuera, en los pliegues
inmediatos, reina el espacio vacío donde el terreno se ha desautomatizado: allí es donde emerge el
sentimiento de la “libertad”, sentimiento que siempre se ve como acontecimiento
de lo ajeno, fenómeno de la expectatoriedad: lo que se ve en los demás, pero no
se experimenta en uno mismo, algo que solo existe en el reino de lo “anhelado
pero no obtenido”.
Lo ex -presivo tiene, en lo anterior su segunda
acepción. La primera acepción hablaba
de una ex presión, en tanto lo que
quedó de una presión sobre el
presente que ya no se ejerce pero que siguió navegando en el tiempo en forma de
huella. El interior de la tierra o el cristal de roca. Pero su segundo sentido
es: alivio de ya estar “soltado” de toda
presión, libertad abismal de la piedra que se quiebra por primera vez: luz
alegrando las gemas interiores y aire solar circulando entre destellos en la
sal. Esto es otra dimensión del habitar
terrenal como mundo, fenómeno de la tierra que continúa, cómplice, una
intención inicial de la geología. Así es como nace una dimensión topológica,
que une lo mineral con la biología que es albergada, con la vitalidad diversa
de aquello que es propuesto para el habitar en una posible espacialidad
itinerante.

Ex
–tensionalidad de una espacialidad mutante. Dibujo vectorial (2014)
e
La espacialidad
itinerante alude a aquello que viaja con el espacio entero, ALGO QUE
PERMITE DESPLAZARSE a distancias estelares sin abandonar su propio barrio. Esta
clase de espacialidad mueve “todo lo que tenemos alrededor” junto con nosotros;
mueven hasta el sol y la luna, y muchas de las estrellas que nos rodean. La
tierra como plataforma es la condición de posibilidad del cielo.
Ahora bien, existe entonces la posibilidad de
una itinerancia espacial, que se materializa en la condición existencial de
nómade. El término demarca una era. Más allá del ocaso de esta era, la idea y
la praxis del nómade persiste, como lo viene haciendo desde los albores de la “civilización”.
El habitar-nomade,
esa condición productora de subjetividades transitorias, tiene su límite en las
mismas palabras que conforman su articulación. Habitar en tanto y en cuanto terrenalidad “invitada” a co-producir
una espacialidad habitable, pero de algún modo propuesta “ya desde” un giro
geológico inicial, es en si misma un estar en un suelo. El nómade sólo es
nómade mientras viaja, no lo es al partir ni lo es al llegar. Por lo pronto,
todo nómade es un habitante de si mismo, está anclado en algo propio y tiene
raíces que lo fijan a su suelo móvil. Pero también es un habitante de algún
espacio propuesto, y se trata de un espacio que no es inicialmente político. El
nómade habita una espacialidad politizada, a la vez que confirma en su propio
nomadismo la existencia de una espacialidad trans-versal, del espacio geológico
que no se puede politizar del todo, pero que no puede ser habitado tampoco si
no es de una manera política de habitar.

Fractalidad
topológica en tanto invitación a un modo (politizado) de habitar. Dibujo
vectorial (2014)
f
El orden numerico- estructural y digitalizable
del espacio responde a una digitalización política. Pero su logo-luz deja ver
detrás una intensión ancestral, ancestral-mineral de la geología política que
se implica a si misma como una necesidad desde que la propuesta inicial es el
co-habitar en un espacio físico que no es más que la construcción comunitaria
de su espacialidad.
Por eso el nómade es una función política,
nadie nace ni muere, ni siquiera vive, siendo nómade. El nomadismo es una
manera de usar el espacio, es una manera de “responder” a la propuesta inicial,
pasando por alto lo que la sociedad haya hecho luego con ello. El espacio es
una propiedad del político, como lo es casi todo. No porque sea propio y
originario de lo espacial el autoasignarse propietarios para algunos rostros de
su fractalidad; tampoco porque sea la espacialidad misma un artificio emanado
de la informe masa del poder. Sencillamente la espacialidad se encuentra
secuestrada; en otras palabras, se encuentra apropiada por parte de voluntades
aciagas. En esa espacialidad se subjetiviza el nomadismo del nómade que habita
un espacio secuestrado, pero lo hace como si fuera un espacio-todavia-libre de
cuya libertad como propuesta inicial o llamado a la habitabilidad de la tierra
se siente aún participe.
El nomadismo exterior, el nomadismo propio del
nómade que va de un país a otro ejerciendo un modo de habitar, es en realidad
un fenómeno secundario respecto del nomadismo subjetivo, el nomadismo de la
subjetividad que no se constituye a si misma como un sólido, sino como
partículas flotando en un medio infinitamente politizado, como lo es la
“espacialidad interior”, un llamado a habitar cierto mundo a definir, pero orientado
hacia lo constitutivo del “yo estoy”. No confundir el “yo” con la evidencia de
un punto de vista: la palabra “yo” supone esa perspectiva y tal vez sea la
versión politizada de “una” perspectiva, es decir de “una” posibilidad.