Arte,
espacio público y acción política
El escrache inmaterial
Comentario
sobre las proyecciones realizadas en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de
Buenos Aires por los grupos GAC y Proyecciones Nómades en el contexto de la
manifestación multitudinaria del 10M en repudio a la reducción de penas
otorgadas a genocidas condenados por delitos de lesa humanidad cometidos
durante y posteriormente a la dictadura cívico-militar argentina (1976-1983).

Dice Boris Groys, en un capítulo de su libro Volverse Público, que “la instalación,
en tanto procedimiento artístico, opera como un modo de privatización simbólica
del espacio público”. Esta escandalosa
sentencia queda pronto aclarada cuando precisa que lo que se pone en cuestión
es la ambigüedad política del rol del artista, que no es sino una forma
derivada de la ambigüedad implícita en concepto moderno de libertad política.
Desde hace mucho tiempo sabemos que no puede existir
libertad sin norma, ni norma válida sin libertad. Para que exista la libertad
tiene que haber algún tipo de contraste. La libertad absoluta e ilimitada no
podría vivirse sino como un extraño caso de determinación. Debe haber un acto autoritario de restricción de lo posible, para que la libertad
social se haga presente.
Pero ¿quién ejerce
ese acto? ¿Quién es el que diseña esa contradictoria norma que da origen a la
libertad? En la política es –o se supone que es- el pueblo en tanto soberano[1].
¿Y en el arte?
En el caso del museo, la galería o el circuito de
exhibición, existe un espacio cerrado, previamente privatizado dentro del cual
cualquier cosa que ocurra será vivenciada en términos de arte. Pero tanto las obras ahí contenidas como sus espectadores
parecen sufrir una situación de encierro. Como sugiere la artista alemana Ito
Steyerl en sus obras y ensayos, las instituciones de arte son unidades
penitenciarias. Basta reparar en la cantidad de dispositivos de seguridad,
incluidos policías y guardianes, que custodian los museos. En otras palabras,
en un lugar donde todos los roles están guionados, queda poco margen para la
sorpresa. Por eso el arte se siente incómodo y asume su poder político.
Para liberar este universo, para “volverlo público” al menos
dentro de sus límites, debe existir una mediación, una habilitación que permita
al artista inscribir su acción dentro de un sub-espacio, que es el espacio de
significación de la “obra”. Según Groys, esa es la función del curador,
encargado de “desprivatizar” el espacio semiótico de la galería, el museo o lo
que fuere, dando permiso al artista para “reprivatizarlo” en nombre de la fuerza
soberana del arte.
En el caso del escrache no hay tal espacio de exhibición. La
calle es un ámbito extraño, territorio en disputa permanente, inestable, que
tensiona un espacio de fronteras móviles en perpetua renegociación. Lo que
instituye el escrache es un campo de
visibilidad –que en el fondo es un campo de batalla político.
En este nuevo espacio ya no hay roles prediseñados; no hay,
por ejemplo, espectadores: en el escrache todxs son activistas. Lo son tanto el individuo o institución
escrachada como quienes ejecutan el escrache; pero también quienes se ven
apelados por esa acción: los transeúntes en tanto repentinos participes de una puesta
en escena que hace visible la actualidad del conflicto.
Los escraches responden a la pregunta sobre qué pasa cuando
el artista en lugar de “privatizar” un espacio de visualización, lo “estatiza”,
lo vuelve a convertir en un espacio público. Este gesto, además de una
afirmación soberana, se transforma en una acción emancipadora. La acción
simbólica recupera su actividad política en el horizonte de la memoria y el
sentido social.
Las proyecciones emitidas sobre la Catedral de Buenos Aires
durante la manifestación masiva del 10 de mayo –realizadas en conjunto por los
colectivos artísticos GAC y Proyecciones Nomades[2]-plantearon,
entre muchas otras, estas reflexiones en torno a lo político, a la acción
simbólica y al status del arte en tanto legislador instituyente de un espacio
político. Un espacio, que, al ser político, articula lo simbólico con lo
material. En el caso de los escraches, no hay nada más material que la muerte.
SIn siquiera tocar la superficie o el soporte físico del escrache (paredes detrás de las cuales se
“bendecían las armas”) este modo de escrache inmaterial inscribe con rayos luminosos
una ley que estatiza la memoria y derriba los muros mentales que retienen a la
sociedad en el momento del trauma. Se trata de una ley inversa a la
“privatización” artística de lo público señalada por Boris Groys.
Las resonancias simbólicas de la proyección (como técnica de
visibilización) se remontan a la antigüedad, cuando los poetas narraban las
desgracias de dioses y mortales aprovechándose de las sombras que producían los
fuegos de las lámparas. Hacían así visibles las figuras fundantes que cantaban las
leyendas. Las volvían públicas. Estatizaban el Olimpo y sus inmortales
presencias mediante historias tejidas en sombras y luz.
Tal vez por eso las multitudes que desfilaban bajo los
frisos liberados de una institución que optó por la clausura de su propia
mente, se detenían a fotografiar con los celulares–es decir, a trabajar la luz
con más luz- haciendo propagar la escena, ubicándola en un nuevo espacio de
circulación global.
Tal vez por eso, también, la reposición de un espacio local
se extendió a través de océanos globales de virtualidad; en cada acción
liberadora, se reitera el acto soberano que activa esta espacialización material de la justicia[3].
[1] Soberanía en tanto
capacidad de un individuo o conjunto social de sancionar una legislación o
norma válida.
[2] Proyecciones Nómades, grupo integrado
por las artistas Mariana Corral y Guadalupe Pardo, desde 2014. Realiza
intervenciones de sitio específico con video-proyecciones de corte social
y político en espacios públicos urbanos y naturales.
https://www.youtube.com/watch?v=Z-94mnR5BcA&feature=youtu.be (Link a video de 2x1)
GAC -Grupo de Arte
Callejero- formado en 1997, colectivo que cruza la producción artística con el
activismo de DDHH y la denuncia de las políticas neoliberales en Argentina. https://grupodeartecallejero.wordpress.com
[3] La
justicia solo es tal cuando se
materializa como acción concreta.