20 tesis sobre arte
001. El arte no es un medio para
transformar el mundo. Porque el arte no es un medio sino un fin. El mundo se
transforma solo, por la simple presencia del arte. Corolario de esta primera
tesis es que el “arte” aun como mero campo de actividades, no existe. Por eso
no existe tampoco una definición convincente de lo que es el arte. La categoría
genérica de arte es la negación de sus manifestaciones singulares. Un concepto
abstracto y vacío.
002. Una propiedad característica
de cualquier forma de arte conocida hasta el momento es su inutilidad. Por ser
un fin en sí mismo, no puede ser usado. Muy por el contrario, es el arte el que
usa a todo lo demás.
003. La inutilidad de lo
artístico es una condición necesaria pero no suficiente para pensar un fenómeno
tan amplio como lo es el arte. La segunda es su reflexividad. Lo que distingue
a lo artístico es que en cualquiera de sus realizaciones se materializa un
pensamiento sobre lo que se está haciendo.
La obra se piensa a sí misma.
004. La reflexión adquiere forma a
partir de la toma de conciencia del artista respecto de su propio hacer. El
control de los signos y su alcance debe ser consciente. Las formas, en especial
las menos miméticas, narran el pensamiento de quien las modela. Ejemplo de la
vasija precolombina, con sus elementos funcionales mutados en relatos
simbólicos: las apoyaderas aparecen como garras de águila, el pasamanos muta en
serpiente, la boca de un vaso como las fauces de un jaguar. Multitudes de
entidades asaltan el objeto y lo ritualizan. Lo transmutan de mero vaso a
sistema semántico. Un sistema corporizado, animado y sexuado, con frecuencia
intencionado a traspasar el reino de la necesidad para escapar al reino de la
libertad, al reino de los dioses, de las entidades, buenas o malas, que sean
dignas de venerar.
006. La intervención del arte se
da en el espacio y en el tiempo. Eso confirma su carácter material. Y una
segunda confirmación se da en el hecho de que se inserta en lo sensitivo,
habita el lugar de los sentidos y las emociones físicas, de los perceptos y los
afectos. Nada mas alejado de lo conceptual.
Lo conceptual es un modo retorico, o si se prefiere, operatorio. En cualquier
caso, una opción.
007. La zona de transición donde los bordes de lo artístico se funden con
los de otros intentos discursivos están siendo explorados -léase: incorporados-
al núcleo recolector del arte. Para que esto sea posible la diferencia arte-no arte debe ser
repuesta de manera permanente y obsesiva.
008. El arte que trata de superar
las barreras entre el arte y la vida es como un perro tratando de morderse la
cola. Las resistencias de “la vida” son múltiples y casi inexpugnables.
Enemigos que debe enfrentar el arte son: el mercado, la industria cultural y la
publicidad. En estos tres escenarios el “arte”
podría difuminarse por completo y perder su característica propia que es la de
ser un fin y no un medio.
009. Materialidad del arte es una
tesis difícil. El arte ha desarrollado,
según Hegel, un largo programa de desmaterialización. La cual se habría
cumplido -lo corroboramos ahora- en el conceptualismo “lingüístico” de los años
60, sin que se haya agotado aún su impulso. Esta desmaterialización ha develado
uno de los bordes mas allá de los cuales el arte deviene actividad epistémica,
transferencia de saber o flujo de información. Hoy se constata también que esa
idea de que el arte produce algún tipo de “saber” o incluso que puede
relacionárselo con la verdad o la falsedad es cuestionable. El arte no puede
volatilizarse del todo. Además, esa tendencia idealizante que señalaba Marx
mediante la metáfora de lo disolvente es una manifestación, ayer como hoy, de
la cortina de humo de la economía política del capital.
010. En la idea de arte -igual
que en cualquier otra- anida el esencialismo. El hecho de que se piense en un arte global oculta cierta pretensión de
control arquitectónico sobre lo que ocurre en ese campo. Más precisamente es un control epistémico de las producciones artísticas. Se adivina en
esto la intentio imperii que hace del
mundo del arte un lugar de reproducción de los conflictos generales de lo
social. Sólo si existe una mitología de la articulación de las diferentes
creaciones en un solo sistema -aun siendo este infinitesimalmente complejo- es
posible la existencia de un “arte global”.
011. Arte global es una contradicción. El arte expresa a la singularidad.
La singularidad no está en el mensaje sino en la relación del artista -individual
o colectivo, personal o impersonal- con el medio-entorno. Por qué ese artista singular eligió expresar
algo mediante ese dispositivo singular. Frente a la singularidad está
la universalidad, que siempre es sistémica y por lo tanto imperial. Esta última
se expresa en el campo del arte de un modo ambiguo, como ocurre con toda
mediación. En la arquitectura la singularidad no aparece. Se trata de la
organización del espacio en función de su habitar. Es dudoso que se cumpla en
esto el primer requisito del arte que era no estar en función de nada. Ni siquiera del habitar. Por su universalidad,
la arquitectura no puede ser un arte. Lo mismo ocurre con el diseño. Se aplican
en la arquitectura y el diseño resultados estéticos ya antes resueltos por el
arte. La singularidad está ausente.
012. La desmaterialización del
arte es parte de un camino corto. Lleva a los bordes y a las zonas de difusión
de lo artístico donde éste pierde su (auto)finalidad.
013. Haber confundido esto
extravió a los artistas y a los críticos y por supuesto al “público” -cuya
condición natural es el extravío- respecto del arte. El resultado es que el arte
de nuestro tiempo expresa ansiedad e inquietud. Y ambas intenciones alimentan
el marcado ilusionismo (producir asombro y sorpresa como criterio de efectividad
artística). Si una creación artística no
produce asombro -por lo menos la primera vez que se la propone- se duda de su
artisticidad. No es esto exclusivo del
modelo occidental. Gran parte del arte “monumental” en todo el mundo buscó legitimarse
mediante el asombro que podría causar en su público. Este compromiso con lo
inesperado parecía ser propio de lo artístico. Pero tiene que desarrollarse en
una vacilación entre el extremo del ya mencionado ilusionismo, y el extremo
opuesto, el fundirse en una cotidianidad instrumental. Beuys?
014. Una instalación es una forma
de simulacro. Se dice que es el modelo de la praxis contemporánea del arte,
porque refiere al collage expandido sobre el espacio de transito social tanto
del público como de los significados. Incluye la apropiación critica de
imágenes y símbolos y también la relacionalidad
de un espacio “participativo”. Esto es verdad. El simulacro es una versión paranoica
de la mimesis. Podrían seguirse sus itinerarios funcionales a lo largo del
tiempo y del espacio. En la actualidad el simulacro es esencial porque reproduce
la vivencia de una humanidad alienada, incapaz de separar lo importante de lo
ilusorio, refugio de cierta voluntad de borrar la distinción, incluso
multiplicándola. Una esquizofrenia hermenéutica multiplica la producción de
arte al infinito, porque no se consigue dar nunca con el arte de ser uno mismo
junto a los demás.
015. “El mundo se hunde bajo el
peso del arte” -decía un borracho en medio de una feria internacional- “¿Cuántas
obras de arte existirán en la Tierra? Tal vez demasiadas. Tal vez no valga ya la
pena seguir produciendo arte”. Sin embargo, es ese no valer la pena lo propio del arte. Se dijo desde el principio y
se lo repitió varias veces: el arte no es un medio, es un fin. No tiene
justificación, y tal vez sea lo único en el pluriverso
que no la requiera. En general el arte debe
producirse. Después se verá qué queda y qué no.
016bis. La singularidad expresa
en este caso la necesidad de recuperación política del discurso por parte de
los artistas, frente a su actual sumisión al monopolio de la discursividad
curatorial -la curaduría es una forma de gestión cultural, un curador siempre
es un funcionario publico (o peor, privado). El abandono de la autonomía del
arte se pagó con la entrega del artista a la heteronomía del capital.
018. Vivimos una época donde la
representación, bajo la forma de simulacro, expresa el estado de alienación
general. Se la llama, con razón, la era de la imagen, porque es una era de
apariencias sin contenido. El contenido sigue siendo el ser humano
mismo. O mejor, la parte que superlativamente se considera “humana” del
insectoide bípedo.
019. La post-humanización, sin
haberse antes alcanzado la humanidad, es una pretensión desmesurada. Saltar desde
la condición cavernaria actual al cyborg, o al clon post-humano abre un espacio
de futuro que no hará sino reproducir en otro escenario y con otros personajes
el mismo drama que padecieron sus ancestros.
En el arte pasa lo mismo. Hasta ahora ninguna revolución transformó lo
esencial. Es verdad que las revoluciones nunca han abundado. Entendiendo
revoluciones como grandes cambios que hayan alegrado siquiera momentáneamente a
cantidades considerables de personas. Y con “alegrar” se quiere decir aquí
“dignificar”.
020. La imagen digital,
proyectable, reproducible, manipulable, diversificable o viralizable tiene un
defecto único pero letal. Es apenas un espejismo. La relación con su soporte es
débil, como si quisiera salir expedida de la pantalla o del dispositivo que le
sirva de contenedor. Recuerda en esto a un reflejo queriendo escapar del
espejo, pero a la vez retenido por este, ya que un reflejo no puede sobrevivir
en un mundo físico. En la pintura, la imagen está orgánicamente integrada al
soporte. Incluso cuando este incorpora elementos extra pictóricos, el
dispositivo es tan fuerte que pictorializa todo lo que cae dentro o cerca de
él. La imagen no puede escapar al soporte, como el alma no puede escapar del
cuerpo. Dualismo mitológico que la pintura niega, se lo proponga o no. Por eso
la pintura no es una imagen, es siempre un objeto. El objeto tiene una
presencia que cuestiona al simulacro. Presencia que propone un freno material a
la esquizofrenia hermenéutica de una idealidad expandida.